

{"id":1769,"date":"2013-09-25T19:15:13","date_gmt":"2013-09-25T17:15:13","guid":{"rendered":"http:\/\/www.josemarg.com\/wp\/?p=1769"},"modified":"2013-09-25T19:15:13","modified_gmt":"2013-09-25T17:15:13","slug":"15-minutos-37-segundos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/josemarg.com\/wp\/?p=1769","title":{"rendered":"15 minutos 37 segundos"},"content":{"rendered":"<p>15 minutos 37 segundos. Jaime empez\u00f3 a creer, ahora s\u00ed, que en verdad las cosas le empezaban a salir bien. O al menos, que la desdicha le estaba empezando a dar una tregua.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de la traum\u00e1tica separaci\u00f3n de Daniela, su novia de toda la vida, y de meses donde la desesperaci\u00f3n era el \u00fanico motor que guiaba sus pasos, una llamada lo hab\u00eda cambiado todo.<\/p>\n<p>El director general de su empresa hab\u00eda aceptado el traslado a la oficina m\u00e1s cercana a su peque\u00f1o y coqueto pisito en el centro, a tan solo 15 minutos y 37 segundos andando, y sin necesidad de coger el coche, olvidarse de atascos, aparcamientos, madrugones, y dem\u00e1s aventuras matutinas de la vida moderna.<\/p>\n<p>Si bien es cierto que todav\u00eda no hab\u00eda superado la ruptura, cada vez le dol\u00eda mucho menos, y la incorporaci\u00f3n a la nueva oficina, con nuevas rutinas y nuevos compa\u00f1eros, pensaba que indudablemente, har\u00eda porque acabase de olvidarla de una maldita vez.<\/p>\n<p>El primer d\u00eda de trabajo, se not\u00f3 bastante inc\u00f3modo sin saber por qu\u00e9. No, no fue culpa de sus compa\u00f1eros, ni de las tareas que ten\u00eda asignadas. De hecho, la ansiedad se hab\u00eda adue\u00f1ado de \u00e9l, minutos antes de llegar a la oficina. Una ansiedad que no se pudo quitar de encima durante el resto de la jornada laboral.<\/p>\n<p>En los siguientes d\u00edas ocurri\u00f3 lo mismo. Indudablemente, el malestar le sobreven\u00eda en el camino a la oficina. Aquella ma\u00f1ana, examin\u00f3 cuidadosamente cada cambio, cada reacci\u00f3n en su estado de \u00e1nimo&#8230; hasta que al fin se dio cuenta.<\/p>\n<p>Su malestar aparec\u00eda instant\u00e1neamente, por sorpresa, en unos segundos, cuando pasaba delante del restaurante italiano preferido de Daniela, donde hab\u00edan ido cientos de veces y donde la Lasa\u00f1a Vegetal era para ella de obligada elecci\u00f3n. Celestial, era la palabra que usaba.<\/p>\n<p>Jaime ten\u00eda que poner remedio a aquello. Ser\u00eda bien f\u00e1cil, dar\u00eda un rodeo y aunque tardara un poco m\u00e1s en llegar al trabajo, merecer\u00eda la pena para evitar aquella ansiedad.<\/p>\n<p>Ansiedad que sigui\u00f3 sin remitir. En su nuevo rodeo de 15 minutos a trav\u00e9s de las calles situadas en la direcci\u00f3n opuesta, Jaime se dio de bruces con la cafeter\u00eda preferida de Daniela. All\u00ed hab\u00edan ido miles de veces para que ella degustara, seg\u00fan sus palabras, el mejor capuccino del mundo.<\/p>\n<p>Mucha m\u00e1s ansiedad, y de nuevo un rodeo a\u00fan m\u00e1s pronunciado, era obligatorio para Jaime. Volvi\u00f3 a alejarse de aquellas calles, dio mil vueltas, anduvo por estrechas callejuelas, lugares apenas transitados, calles sin asfaltar o de mala reputaci\u00f3n. Y cuando por fin se crey\u00f3 a salvo, ante sus ojos apareci\u00f3 un cartel que dec\u00eda \u00abHelader\u00eda El Cucurucho\u00bb. Sus piernas comenzaron a tambalearse, su vista apenas dejaba entrever una neblina. La helader\u00eda preferida de Daniela. Helado con una bola de pistacho y otra de tiramiss\u00fa. A \u00e9l siempre le hab\u00eda parecido algo repugnante, pero ella entraba en una especie de orgasmo gastron\u00f3mico (su cara era la misma), con la primera chupada al cucurucho.<\/p>\n<p>Jaime ya no pudo m\u00e1s. Aquello hab\u00eda sido superior a sus fuerzas. A la ma\u00f1ana siguiente se levant\u00f3 2 horas y 15 minutos antes, se duch\u00f3, desayun\u00f3 a toda pastilla, cogi\u00f3 el coche, se meti\u00f3 en la circunvalaci\u00f3n, se encontr\u00f3 con mil atascos, doscientos insultos matutinos, 5 amenazas de multas, 4 conductores suicidas, 1 perro cruz\u00e1ndose para rozar su guardabarros y media hora dando vueltas para aparcar bastante lejos de la oficina.<\/p>\n<p>Lleg\u00f3 al trabajo muy muy relajado. Tard\u00f3 1 hora y 33 minutos. Sin duda, Jaime era un tipo muy afortunado con su nuevo trabajo, tan cerca de su peque\u00f1o y coqueto pisito en el centro.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>15 minutos 37 segundos. Jaime empez\u00f3 a creer, ahora s\u00ed, que en verdad las cosas le empezaban a salir bien. O al menos, que la desdicha le estaba empezando a dar una tregua. 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