

{"id":2801,"date":"2020-07-12T12:01:59","date_gmt":"2020-07-12T10:01:59","guid":{"rendered":"https:\/\/josemarg.com\/wp\/?p=2801"},"modified":"2021-06-20T10:49:19","modified_gmt":"2021-06-20T08:49:19","slug":"donde-suben-y-bajan-las-mareas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/josemarg.com\/wp\/?p=2801","title":{"rendered":"Donde suben y bajan las mareas"},"content":{"rendered":"\n<blockquote>\n<p><i><b>Donde suben y bajan las mareas<\/b> (Where the Tides Ebb and Flow)<\/i> es un relato fant\u00e1stico del escritor anglo-irland\u00e9s <b><a href=\"https:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/Lord_Dunsany\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\">Lord Dunsany<\/a><\/b> (1878-1957), publicado en la antolog\u00eda de 1910: <i><b><a href=\"https:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/Cuentos_de_un_so\u00f1ador\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\">Cuentos de un so\u00f1ador<\/a><\/b> (A Dreamer&#8217;s Tales)<\/i>.<\/p>\n<p>Su obra, la cual gira en torno a la<span class=\"Apple-converted-space\">\u00a0<\/span><a title=\"Alta fantas\u00eda\" href=\"https:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/Alta_fantas%C3%ADa\">alta fantas\u00eda<\/a>, el horror y lo extra\u00f1o, ejerci\u00f3 gran influencia y admiraci\u00f3n en distintos autores como<span class=\"Apple-converted-space\">\u00a0<\/span><a class=\"mw-redirect\" title=\"Howard Phillips Lovecraft\" href=\"https:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/Howard_Phillips_Lovecraft\">H. P. Lovecraft<\/a>,<span class=\"Apple-converted-space\">\u00a0<\/span><a title=\"J. R. R. Tolkien\" href=\"https:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/J._R._R._Tolkien\">J. R. R. Tolkien<\/a>,<span class=\"Apple-converted-space\">\u00a0<\/span><a title=\"Jorge Luis Borges\" href=\"https:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/Jorge_Luis_Borges\">Jorge Luis Borges <\/a>y<span class=\"Apple-converted-space\">\u00a0<\/span><a title=\"Arthur C. Clarke\" href=\"https:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/Arthur_C._Clarke\">Arthur C. Clarke<\/a>.<sup id=\"cite_ref-Dunsany_1-0\" class=\"reference separada\"><\/sup><\/p>\n<\/blockquote>\n<p><code>So\u00f1\u00e9 que hab\u00eda hecho algo horrible, tan horrible, que se me neg\u00f3 sepultura en tierra y en mar, y ni siquiera hab\u00eda infierno para m\u00ed. Esper\u00e9 algunas horas con esta certidumbre. Entonces vinieron por m\u00ed mis amigos, y secretamente me asesinaron, y con antiguo rito y entre grandes hachones encendidos, me sacaron.<\/code><\/p>\n<p><code>Esto acontec\u00eda en Londres, y furtivamente, en el silencio de la noche, me llevaron a lo largo de calles grises y por entre m\u00edseras casas hasta el r\u00edo. Y el r\u00edo y el flujo del mar pugnaban entre bancos de cieno, y ambos estaban negros y llenos de los reflejos de las luces. Una s\u00fabita sorpresa asom\u00f3 a sus ojos cuando se les acercaron mis amigos con sus hachas fulgurantes. Y yo lo ve\u00eda, muerto y r\u00edgido, porque mi alma a\u00fan estaba entre mis huesos, porque no hab\u00eda infierno para ella, porque se me hab\u00eda negado sepultura cristiana.<\/code><\/p>\n<p><code>Me bajaron por una escalera cubierta de musgo y viscosidades, y as\u00ed descend\u00ed poco a poco al terrible fango. All\u00ed, en el territorio de las cosas abandonadas, excavaron una fosa. Despu\u00e9s me depositaron en la tumba, y de repente arrojaron las antorchas al r\u00edo. Y cuando el agua extingui\u00f3 el fulgor de las teas, se vieron, p\u00e1lidas y peque\u00f1as, nadar en la marea; y al punto se desvaneci\u00f3 el resplandor de la calamidad, y advert\u00ed que se aproximaba la enorme aurora; mis amigos se taparon los rostros con sus capas, y la solemne procesi\u00f3n se dispers\u00f3, y mis amigos fugitivos desaparecieron calladamente.<\/code><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><a title=\"Illustration by Sidney Sime\" href=\"https:\/\/www.flickr.com\/photos\/diariodeabordo\/50103099088\/in\/dateposted-public\/\" data-flickr-embed=\"true\"><img decoding=\"async\" class=\"aligncenter\" src=\"https:\/\/live.staticflickr.com\/65535\/50103099088_4a1a247529.jpg\" alt=\"Illustration by Sidney Sime\" width=\"381\" \/><\/a><em>Ilustraci\u00f3n de <a href=\"https:\/\/en.wikipedia.org\/wiki\/Sidney_Sime\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\">Sidney Sime<\/a><\/em><script async=\"\" src=\"\/\/embedr.flickr.com\/assets\/client-code.js\" charset=\"utf-8\"><\/script><\/p>\n<p><code>Entonces volvi\u00f3 el fango cansadamente y lo cubri\u00f3 todo, menos mi cara. All\u00ed yac\u00eda solo, con las cosas olvidadas, con las cosas amontonadas que las mareas no llevar\u00e1n m\u00e1s adelante, con las cosas in\u00fatiles y perdidas, con los ladrillos horribles que no son tierra ni piedra. Nada sent\u00eda, porque me hab\u00edan asesinado; mas la percepci\u00f3n y el pensamiento estaban en mi alma desdichada. La aurora se abr\u00eda, y vi las desoladas viviendas amontonadas en la margen del r\u00edo, y en mis ojos muertos penetraban sus ventanas muertas, tras de las cuales hab\u00eda fardos en vez de ojos humanos.<\/code><\/p>\n<p><code>Y tanto hast\u00edo sent\u00ed al mirar aquellas cosas abandonadas, que quise llorar, mas no pude porque estaba muerto. Supe entonces lo que jam\u00e1s hab\u00eda sabido: que durante muchos a\u00f1os aquel reba\u00f1o de casas desoladas hab\u00eda querido llorar tambi\u00e9n, mas, por estar muertas, estaban mudas. Y supe que tambi\u00e9n las cosas olvidadas hubiesen llorado, pero no ten\u00edan ojos ni vida. Y yo tambi\u00e9n intent\u00e9 llorar, pero no hab\u00eda l\u00e1grimas en mis ojos muertos. Y supe que el r\u00edo pod\u00eda habernos cuidado, pod\u00eda habernos acariciado, pod\u00eda habernos cantado, mas \u00e9l segu\u00eda corriendo sin pensar m\u00e1s que en los barcos maravillosos.<\/code><\/p>\n<p><code>Por fin, la marea hizo lo que no hizo el r\u00edo, y vino y me cubri\u00f3, y mi alma hall\u00f3 reposo en el agua verde, y se regocij\u00f3, e imagin\u00f3 que ten\u00eda la sepultura del mar. Mas con el reflujo descendi\u00f3 el agua otra vez, y otra vez me dej\u00f3 solo con el fango insensible, con las cosas olvidadas, ahora dispersas, y con el paisaje de las desoladas casas, y con la certidumbre de que todos est\u00e1bamos muertos.<\/code><\/p>\n<p><code>En el negro muro que ten\u00eda detr\u00e1s, tapizado de verdes algas, despojo del mar, aparecieron oscuros t\u00faneles y secretas galer\u00edas tortuosas que estaban dormidas y obstruidas. De ellas bajaron al cabo furtivas ratas a roerme, y mi alma se regocij\u00f3 creyendo que al fin se ver\u00eda libre de los malditos huesos a los que se hab\u00eda negado entierro.<\/code><\/p>\n<p><code>Pero pronto se apartaron las ratas y murmuraron entre s\u00ed. No volvieron m\u00e1s. Cuando descubr\u00ed que hasta las ratas me execraban, intent\u00e9 llorar de nuevo. Entonces, la marea vino retir\u00e1ndose, y cubri\u00f3 el espantoso fango, y ocult\u00f3 las desoladas casas, y acarici\u00f3 las cosas olvidadas, y mi alma repos\u00f3 por un momento en la sepultura del mar. Luego me abandon\u00f3 otra vez la marea. Y sobre m\u00ed pas\u00f3 durante muchos a\u00f1os arriba y abajo. Un d\u00eda me encontr\u00f3 el Consejo del Condado y me dio sepultura decorosa. Era la primera tumba en que dorm\u00eda. Pero aquella misma noche mis amigos vinieron por mi, y me exhumaron, y me llevaron de nuevo al hoyo somero del fango.<\/code><\/p>\n<p><code>Una y otra vez hallaron mis huesos sepultura a trav\u00e9s de los a\u00f1os, pero siempre al fin del funeral acechaba uno de aquellos hombres terribles, quienes, no bien ca\u00eda la noche, ven\u00edan, me sacaban y me volv\u00edan nuevamente al hoyo del fango. Por fin, un d\u00eda muri\u00f3 el \u00faltimo de aquellos hombres que hicieron un tiempo la terrible ceremonia conmigo. O\u00ed pasar su alma por el r\u00edo al ponerse el sol. Y esper\u00e9 de nuevo.<\/code><\/p>\n<p><code>Pocas semanas despu\u00e9s me encontraron otra vez, y de nuevo me sacaron de aquel lugar en que no hallaba reposo, y me dieron profunda sepultura en sagrado, donde mi alma esperaba descanso. Y al punto vinieron hombres embozados en capas y con hachones encendidos para volverme al fango, porque la ceremonia hab\u00eda llegado a ser tradicional y de rito. Y todas las cosas abandonadas se mofaron de m\u00ed en sus mudos corazones cuando me vieron volver, porque estaban celosas de que hubiese dejado el fango. Debe recordarse que yo no pod\u00eda llorar.<\/code><\/p>\n<p><code>Y corr\u00edan los a\u00f1os hacia el mar adonde van las negras barcas, y las grandes centurias abandonadas se perd\u00edan en el mar, y all\u00ed permanec\u00eda yo sin motivo de esperanza y sin atreverme a esperar sin motivo por miedo a la terrible envidia y a la c\u00f3lera de las cosas que ya no pod\u00edan navegar.<\/code><\/p>\n<p><code>Una vez se desat\u00f3 una gran borrasca que lleg\u00f3 hasta Londres y que ven\u00eda del mar del Sur; y vino retorci\u00e9ndose r\u00edo arriba empujada por el viento furioso del Este. Y era m\u00e1s poderosa que las espantosas mareas, y pas\u00f3 a grandes saltos sobre el fango movedizo. Y todas las tristes cosas olvidadas se regocijaron y mezcl\u00e1ronse con cosas que estaban m\u00e1s altas que ellas, y pulularon otra vez entre los se\u00f1oriles barcos que se balanceaban arriba y abajo. Y sac\u00f3 mis huesos de su horrible morada para no volver nunca m\u00e1s, esperaba yo, a sufrir la injuria de las mareas. Y con la bajamar cabalg\u00f3 r\u00edo abajo, y dobl\u00f3 hacia el Sur, y torn\u00f3se a su morada. Y reparti\u00f3 mis huesos por las islas y por las costas de felices y extra\u00f1os continentes. Y por un momento, mientras estuvieron separados, mi alma se crey\u00f3 casi libre.<\/code><\/p>\n<p><code>Luego se levant\u00f3, al mandato de la Luna, el asiduo flujo de la marea, y deshizo en un punto el trabajo del reflujo, y recogi\u00f3 mis huesos de las riberas de las islas de sol, y los rebusc\u00f3 por las costas de los continentes, y fluy\u00f3 hacia el Norte hasta que lleg\u00f3 a la boca del T\u00e1mesis, y subi\u00f3 por el r\u00edo y encontr\u00f3 el hoyo en el fango, y en \u00e9l dej\u00f3 caer mis huesos; y el fango cubri\u00f3 algunos y dej\u00f3 otros al descubierto, porque el fango no cuida de las cosas abandonadas.<\/code><\/p>\n<p><code>Lleg\u00f3 el reflujo, y vi los ojos muertos de las cosas y la envidia de las otras cosas olvidadas que no hab\u00eda removido la tempestad. Y transcurrieron algunas centurias m\u00e1s sobre el flujo y el reflujo y sobre la soledad de las cosas olvidadas. Y all\u00ed permanec\u00eda, en la indiferente prisi\u00f3n del fango, jam\u00e1s cubierto por completo ni jam\u00e1s libre, y ansiaba la gran caricia c\u00e1lida de la tierra o el dulce regazo del mar.<\/code><\/p>\n<p><code>A veces encontraban los hombres mis huesos y los enterraban, pero nunca mor\u00eda la tradici\u00f3n, y siempre me volv\u00edan al fango los sucesores de mis amigos. Al fin dejaron de pasar los barcos y fueron apag\u00e1ndose las luces; ya no flotaron m\u00e1s r\u00edo abajo las tablas de madera, y en cambio llegaron viejos \u00e1rboles descuajados por el viento, en su natural simplicidad.<\/code><\/p>\n<p><code>Al cabo percib\u00ed que dondequiera a mi lado se mov\u00eda una brizna de hierba y el musgo crec\u00eda en los muros de las casas muertas. Un d\u00eda, una rama de cardo silvestre pas\u00f3 r\u00edo abajo. Por algunos a\u00f1os espi\u00e9 atentamente aqu\u00e9llas se\u00f1ales, hasta que me cercior\u00e9 de que Londres desaparec\u00eda. Entonces perd\u00ed una vez m\u00e1s la esperanza, y en toda la orilla del r\u00edo reinaba la ira entre las cosas perdidas, pues nada se atrev\u00eda a esperar en el fango abandonado. Poco a poco se desmoronaron las horribles casas, hasta que las pobres cosas muertas que jam\u00e1s tuvieron vida encontraron sepultura decorosa entre las plantas y el musgo. Al fin apareci\u00f3 la flor del espino y la clem\u00e1tide. Y sobre los diques que hab\u00edan sido muelles y almacenes se irgui\u00f3 al fin la rosa silvestre. Entonces supe que la causa de la Naturaleza hab\u00eda triunfado y que Londres hab\u00eda desaparecido.<\/code><\/p>\n<p><code>El \u00faltimo hombre de Londres vino al muro del r\u00edo, embozado en una antigua capa, que era una de aquellas que un tiempo usaron mis amigos, y se asom\u00f3 al pretil para asegurarse de que yo estaba quieto all\u00ed; se march\u00f3 y no le volv\u00ed a ver: hab\u00eda desaparecido a la par que Londres.<\/code><\/p>\n<p><code>Pocos d\u00edas despu\u00e9s de haberse ido el \u00faltimo hombre entraron las aves en Londres, todas las aves que cantan. Cuando me vieron, me miraron con recelo, se apartaron un poco y hablaron entre s\u00ed.<\/code><\/p>\n<p><code>S\u00f3lo pec\u00f3 contra el Hombre \u2014dijeron\u2014. No es cuesti\u00f3n nuestra.<\/code><\/p>\n<p><code>Seamos buenas con \u00e9l. \u2014dijeron.<\/code><\/p>\n<p><code>Entonces se me acercaron y empezaron a cantar. Era la hora del amanecer, y en las dos orillas del r\u00edo, y en el cielo, y en las espesuras que un tiempo fueron calles, cantaban centenares de p\u00e1jaros. A medida que el d\u00eda adelantaba, arreciaban en su canto los p\u00e1jaros; sus bandadas espes\u00e1banse en el aire, sobre mi cabeza, hasta que se reunieron miles de ellos cantando, y despu\u00e9s millones, y por \u00faltimo no pude ver sino un ej\u00e9rcito de alas batientes, con la luz del sol sobre ellas, y breves claros de cielo. Entonces, cuando nada se o\u00eda en Londres m\u00e1s que las mir\u00edadas de notas del canto alborozado, mi alma se desprendi\u00f3 de mis huesos en el hoyo del fango y comenz\u00f3 a trepar sobre el canto hacia el cielo. Y pareci\u00f3 que se abr\u00eda entre las alas de los p\u00e1jaros un sendero que sub\u00eda y sub\u00eda, y a su t\u00e9rmino se entreabr\u00eda una estrecha puerta del Para\u00edso. Y entonces conoc\u00ed por una se\u00f1al que el fango no hab\u00eda de recibirme m\u00e1s, porque de repente me encontr\u00e9 que pod\u00eda llorar.<\/code><\/p>\n<p><code>En este instante abr\u00ed los ojos en la cama de una casa de Londres, y fuera, a la luz radiante de la ma\u00f1ana, tr\u00ednaban unos gorriones sobre un \u00e1rbol; y a\u00fan hab\u00eda l\u00e1grimas en mi rostro, pues la represi\u00f3n propia se debilita en el sue\u00f1o. Me levant\u00e9 y abr\u00ed de par en par la ventana, y extendiendo mis manos sobre el jardincillo, bendije a los p\u00e1jaros cuyos cantos me hab\u00edan arrancado a los turbulentos y espantosos siglos de mi sue\u00f1o.<\/code><\/p>\n<p><iframe style=\"width: 120px; height: 240px;\" src=\"https:\/\/rcm-eu.amazon-adsystem.com\/e\/cm?ref=qf_sp_asin_til&amp;t=josemarg-21&amp;m=amazon&amp;o=30&amp;p=8&amp;l=as1&amp;IS2=1&amp;asins=8477028982&amp;linkId=061a17b93d893027f81b50164ed2e267&amp;bc1=ffffff&amp;lt1=_blank&amp;fc1=333333&amp;lc1=0066c0&amp;bg1=ffffff&amp;f=ifr\" frameborder=\"0\" marginwidth=\"0\" marginheight=\"0\" scrolling=\"no\">\n    <\/iframe><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Donde suben y bajan las mareas (Where the Tides Ebb and Flow) es un relato fant\u00e1stico del escritor anglo-irland\u00e9s Lord Dunsany (1878-1957), publicado en la antolog\u00eda de 1910: Cuentos de un so\u00f1ador (A Dreamer&#8217;s Tales). 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