Noche y Día

Cuenta una leyenda china la historia de dos amantes que jamás logran reunirse. Se llaman Noche y Día. En las horas mágicas del atardecer y el amanecer los amantes se rozan y están a punto de encontrarse, pero nunca sucede.

Dicen que si prestas atención puedes escuchar sus lamentos y ver el cielo teñirse del rojo de su rabia. La leyenda afirma que los dioses tuvieron a bien concederles algún instante de felicidad y por eso crearon los eclipses, durante los cuales los amantes logran reunirse y hacer el amor.

Tú y yo también esperamos nuestro eclipse. Ahora que hemos comprendido que ya nunca volveremos a encontrarnos, que estamos condenados a vivir separados, que somos la noche y el día.

David Trueba (Cuatro amigos)

El libro de la risa y el olvido

La borró de la fotografía de su vida no porque no la hubiese amado, sino, precisamente, porque la quiso. La borró junto con el amor que sintió por ella.

La gente grita que quiere crear un futuro mejor, pero eso no es verdad, el futuro es un vacío indiferente que no le interesa a nadie, mientras que el pasado está lleno de vida y su rostro nos excita, nos irrita, nos ofende y por eso queremos destruirlo o retocarlo.

Milan Kundera (El libro de la risa y el olvido)

Perdiendo

Cada día tengo la extraña sensación de perder algo que nunca he tenido.
Cada día es algo diferente.

Un día me lo descubre una mirada.
Otro me lo susurra un silencio.
Los más, me desarman sonrisas.
A traición, me derrotan penas.
En multitud, me lo grita una ausencia.

Algo diferente cada dia…
para que al final, me rescate el recuerdo que tendré de ti mañana.

Atrapado

ATRAPADO

no desvistas mi amor
podrías encontrar un maniquí:
no desvistas el maniquí
podrías encontrar
mi amor.

hace mucho que ella
me ha olvidado.

se está probando un nuevo
sombrero
y parece más
coqueta
que nunca.

ella es una cría
y un maniquí
y muerte.

no puedo odiar
eso

ella no hizo
nada
fuera de lo normal.

yo sólo quería
que lo hiciera.

(Charles Bukowski)

Anestesia General

Hoy, a estas horas, hace justo un año, una camilla de un hospital en Granada, era empujada a través de innumerables y estrechos pasillos. Entraba y salía de ascensores. Sorteaba a pacientes y a sus acompañantes, hasta finalmente llegar a su destino final… un quirófano. La meta para sus chirriantes ruedas…

Hasta ahí, nada en especial. Todos los días, muchas camillas hacen el mismo camino. Muchas… Pero en esa camilla iba yo.

No estaba nada nervioso. Ese pequeñito viaje tenía que suponer el fin a meses de dolor, de noches en vela, de ambulancias con destino a frías y desesperanzadoras consultas de urgencias. El fin del sufrimiento para mi y para mi familia.

– Respira profundo. Es sólo oxígeno.

Esas son las últimas palabras que recuerdo antes de la operación. La anestesia general inundó por sorpresa todos mis sentidos. Mi cuerpo y mente la recibieron como un regalo divino.

De las siguientes tres horas, no recuerdo nada. Luego el despertar poco a poco, el éxito de la intervención, el cariño de mi familia, la recuperación poco a poco, hasta completarse finalmente unos meses despúes…

Sin embargo, aún hoy, un año después, hay muchos días en los que tengo la extraña sensación que todavía estoy tumbado en aquella camilla, con la anestesia general, sumido en un profundo e interminable sueño, esperando despertar… o quizás no despierte nunca…

Beso


¡Cuánto rato te he mirado
sin mirarte a ti, en la imagen
exacta e inaccesible
que te traiciona el espejo!

«Bésame», dices. Te beso,
y mientras te beso pienso
en los fríos que serán
tus labios en el espejo.

«Toda el alma para ti»,
murmuras, pero en el pecho
siento un vacío que sólo
me lo llenará ese alma
que no me das.

El alma que se recata
con disfraz de claridades
en tu forma del espejo.

Pedro Salinas