“LA BIBLIA CONTADA PARA ESCÉPTICOS“ de Juan Eslava Galán

ÚLTIMO LIBRO LEÍDO: “LA BIBLIA CONTADA PARA ESCÉPTICOS“ de Juan Eslava Galán.

¿Quién escribió la Biblia? ¿Qué hay de cierto en ella? ¿Cómo se inventa una religión? ¿Existe realmente un Dios omnipotente? A través de estas páginas, Juan Eslava Galán, con su característico estilo desenfadado y cercano, nos responde a todas estas cuestiones y nos propone un sorprendente recorrido por el libro más vendido, traducido y estudiado, a la vez que controvertido, de la Historia: la Biblia. Comenzando por el dios Yavhé, considerado como el verdadero inventor del universo, hasta la llegada de Moisés a la «Tierra Prometida» tras un arduo camino, nos adentraremos en la sabiduría del Rey Salomón, en los entresijos de los profetas, en los pecados de Adán y Eva, en las disputas fraternales de Caín y Abel y en muchas otras bendiciones, traiciones y sorpresas que se esconden tras los protagonistas del Antiguo Testamento.
“LA BIBLIA CONTADA PARA ESCÉPTICOS“ de Juan Eslava GalánSe trata del tercer libro que leo de este autor, tras «Roma de los Césares«, y «El fraude de la Sábana Santa y las reliquias de Cristo«.

AUTOR

Juan Eslava Galán es un escritor y profesor jienense (Arjona, 1948) autor de un amplio número de obras narrativas y poéticas, ensayos y obras divulgativas, con especial atención a la Edad Media, de la que se declara un apasionado.

Licenciado en Filología Inglesa por la Universidad de Granada y doctorado en Filosofía y Letras con una tesis sobre historia medieval (Poliorcética y fortificación bajomedieval en el reino de Jaén), amplió sus estudios en las ciudades inglesas de Bristol y Lichfield, siendo además alumno y profesor de la Universidad de Ashton, en Birmingham.

Entre sus obras más destacadas se encuentra En busca del unicornio, ganadora del Premio Planeta en el año 1987 e historia que supuso el impulso de su trayectoria como escritor, teniendo hoy en día en su haber más de cincuenta libros y ensayos.

FRAGMENTOS

“Suponían los judíos que el héroe fundador de su estirpe fue un babilonio, Abraham, al que Yahvé ordenó abandonar la ciudad de Ur para establecerse con su familia en las tierras del norte. Abraham tuvo un hijo, Isaac, que a su vez tuvo dos hijos, Esaú y Jacob. Jacob engendró doce hijos, cada uno de ellos el patriarca fundador de una de las doce tribus de Israel. Estos doce hijos se establecieron en Egipto, primero como invitados y después como virtuales esclavos hasta que un caudillo surgido entre ellos, Moisés, los liberó del faraón y los condujo, a través del desierto del Sinaí, a Canaán (en el actual Israel), la Tierra Prometida. Por el camino, Yahvé se apareció a Moisés e hizo con él el pacto de la Alianza. Los descendientes de Abraham llegaron a la Tierra Prometida, la conquistaron y se establecieron en ella, pero durante un tiempo tuvieron que luchar contra los cananeos nativos y otros pueblos que se la disputaban. Este fue el tiempo de los jueces, al que seguiría el establecimiento de la gloriosa monarquía de David y de Salomón. Suponían también los judíos que Abraham había vivido hacia el 1850 a. C., que los hebreos habían escapado de Egipto hacia el 1300 a.C., que la conquista de Canaán (la Tierra Prometida) ocurrió entre 1230 y 1220 a. C y que la monarquía de David había comenzado hacia el año 1000 a.C. El problema es que, como veremos, toda esa epopeya de los judíos no tiene más base que la Biblia. Dicho de otro modo: es una historia enteramente imaginaria.”

“Isaías profetizó que el mesías nacería de una «muchacha» (hebreo almah); pero el evangelista Mateo manejaba una defectuosa traducción griega en la que habían escrito «virgen» (betulah) en lugar de «muchacha» y de ahí procede todo el mito católico de la Virgen embarazada por Dios que da a luz a Jesús. Duele reconocerlo, pero un simple error de traducción ha determinado la teología católica y hasta la creación de una rama específica de ella, la mariología. A estas alturas no cabe marcha atrás, así que «sostenella y no enmendalla».”

“El primer mandamiento era No tendrás dioses ajenos delante de mí (Éx. 20, 3); el segundo: No te harás imagen, ni ninguna semejanza de cosa alguna (Éx. 20, 4). El tercero, No te inclinarás a ellas, ni las honrarás (Éx. 20, 5). La Iglesia católica ha optado por refundir los dos primeros en uno y restarle importancia al tercero porque, de observarlo, ocasionaría un grave quebranto a los museos y al turismo y no digamos a las procesiones de Semana Santa, declaradas de interés nacional.”

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